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Enrique y el mole poblano
- Mujer: Candidato, ¿le gusta el mole poblano?
- Enrique: Antes que nada, déjeme decirle que respeto el mole y a todas las familias que, tras siglos de tradición, se dedican a la elaboración de esta y más recetas de nuestro México. Una nación con el reflejo de Puebla, estado mexicano al cual admiro por la calidez de su gente y en el cual, de contar con la preferencia de los ciudadanos el 1 de julio, el partido que represento trabajará incansablemente para fomentar su desarrollo.
- Mujer: Ajá pero... ¿le gusta el mole?
- Enrique: Mire, yo estoy orgulloso de la convicción mexicana en torno a la cocina y a sus platillos típicos... mi abuela, una gran mujer de familia, lo cocinaba regularmente los domingos en la casa de campo, así como seguramente muchas abuelas mexicanas en Yucatán, Jalisco, Nuevo León, Veracruz y en el mismo estado de Puebla lo hacen.
- Mujer: Entonces ¿sí le gusta el mole poblano?
- Enrique: Yo preferiría, respetuosamente, comentar que la comida mexicana merece un lugar y un espacio en nuestra cultura que, independientemente de preferencias personales, esta ahí para que cada quién formule su propia opinión y, más importante, tenga la opción de elegir el platillo que mejor le parezca. Si los ciudadanos me eligen como su presidente, incentivaré a restauranteros y comensales mexicanos para que mantengan viva la cultura culinaria del país para el beneficio de las futuras generaciones.
- Mujer: disculpe la molestia pero, ¿me podría responder con un "sí" o "no" si a usted le gusta el mole poblano?
- Enrique: No es ninguna molestia. Tanto mi partido como un servidor, tenemos el más profundo respeto por el acceso a la información y a la transparencia. Entendemos los diferentes retos que ambos derechos irrenunciables afrontan en el México de hoy. Precisamente me he pronunciado en más de una ocasión a favor de un nuevo modelo de comunicación política que permita a los todos los ciudadanos hacer preguntas directas a su gobierno y que les sean contestadas cabalmente, en tiempo y forma. Ese será un tema primordial en mi agenda presidencial.
- Mujer: A ver... en la escala del 1 al 10 ¿Qué tanto le gusta el mole poblano?
- Enrique: Fíjese que usar un número para calificar situaciones de esta naturaleza me parece, en lo personal, no necesariamente pertinente. Está claro que reconozco las circunstancias del mole y su variable picor. No tengo una a la mano pero estoy familiarizado incluso con la lista de ingredientes que hacen posible este icónico condimento mexicano. Sería cosa de revisarlo con mi equipo de campaña. Lo que sí te puedo confirmar es que, de ser favorecido por la ciudadanía este primero de julio, seré presidente tanto para aquéllos que perciban al mole como un alimento nutritivo y agradable como para los que, por una razón o por otra, no compartan este punto de vista.
- Mujer: Gracias... candidato. Lo dejo terminar con su mole. Avíseme cuando necesite la cuenta.
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- Quizá pueda dejar la bebida uno de estos días. Todos dicen eso ¿no es cierto?Raymond Chandler, El largo adiós.
- Desacostumbrarse lleva alrededor de tres años.
- ¿Tres años¡ -pareció disgustado -por lo general es así. Es un mundo diferente. Hay que acostumbrarse a un juego de colores más pálidos, a un conjunto de sonidos más tranquilos. Hay que contar también con las recaídas. Toda la gente que usted conocía bien, llegará a serle un poco extraña. La mayor parte de ellos ni si quiera le gustarán y usted tampoco a ellos.
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Somos seres estúpidos e inestables con una pobre memoria y un gran don de autodestrucciónSuzzane Collins, Sinsajo
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Detrás de cada gran novelista hay:
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el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.Alejo Carpentier, El reino de este mundo
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[debemos] Renunciar al mito de la madre abnegada, que gracias a la emancipación hoy se ha convertido en la super madre abnegada. Aquélla que no solamente debe encargarse del hogar y de los hijos sino que además debe ser exitosa, mientras el marido, continúa desempeñando el rol de Don Draper.¿Qué celebramos el día de las madres?
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El otro capítulo inédito de El Principito
Y el principito llegó al planeta de otro aldeano digital:
- ¿Hola quién eres?
- soy tu peor pesadilla, deja de estar chingando
- ¿y por qué no quieres hablar conmigo?
- Porque estoy ocupado mirando pornografía
-¿y por qué miras pornografía?
- ¿ves alguna mujer en este planeta? así que deja de estar chingando
- ¿y por qué no vas por una mujer?
El aldeano digital encendió un aparato que rechinó, retumbó, tembló y moveteó todo el planeta. Se imprimió una hoja.
-Mira escuincle de mierda ya imprimí un pinche cordero -y le entregó una hoja de papel

-Ahora deja de chingarme o te imprimo una cobra y le damos un final feliz a mi historia.
Y el Principito dejó de chingar a la gente de los demás planetas.
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Copywriter conoce a chica intelectual
Estaba en un bar bien pinche hipster. Era tan hipster que Thelonious Monk hubiera dicho “pinches hipsters”. Era un bar más hipster que leer a Keret al mismo tiempo que escuchas a Beirut tomando una cerveza importada usando unos Converse dorados.
Me equivoqué de baño y entré al de damas. Al salir me encontré con una chica que me preguntó si me sentía muy “en onda” entrando ahí, le dije que no me di cuenta hasta que descubrí que no había un mingitorio. Reproduzco la plática posterior:
-Tienes mucha onda y me gusta tu estilo - abrió un botón más de su camisa de leñador comprada en un bazar de segunda mano y pude ver un brasier de encaje naranja que escondía algo que parecía un pezón o un tatuaje en forma de pezón.
- Gracias, así somos nosotros los chavos -respondí visiblemente incómodo por la erección que se gestaba en mis pantalones (o por la vibración de mi teléfono) (o por todas las anteriores y además por la preocupación de una cerveza que no recordaba dónde la había puesto).
- y además tu sentido del humor es genial, me encantas ¿eres artista?
- soy escritor -la respuesta rápida de una verdad a medias
- ¿y qué escribes? -la pregunta peligrosa, con respuesta peligrosa…
- pues de todo… ya sabes, mucho género experimental
- ¡interesantísimo! me encanta ¿conozco tu trabajo?
-seguro que sí, he tenido mucha suerte con la difusión -no mentí
- ¿podrías refrescarme la memoria? ¿un fragmento? ¿un título? ¿algo?
- ¡claro! -es muy difícil encontrar mujeres interesadas en mi trabajo y, además, que sean guapas y que platiquen con un hombre en el baño de mujeres.
Repasé mi memoria y descubrí que no me sé ningún fragmento de mis poemas cursis, ni de mis novelas sin argumento, ni de mis ensayos poco fundamentados, ni mis tweets de odio ni mis publicaciones de Facebook con más likes.
Seleccioné la que considero “mi obra maestra”, la opera magna de mi escritura. Un concepto de campaña publicitaria que me encantó y vendimos a la primera y el cliente nos felicitó, ovacionó, quedó encantado, nos invitó a comer y nos compró cervezas. Recité la frase de la campaña. Un claim que resalta las virtudes del producto, enfatizaba los valores de la empresa y podía emocionar al borde de las lágrimas a alguien.
Después canté el jingle. Una melodía pegajosa que hablaba de la importancia de un buen desayuno y la comida balanceada.
La chica hipster se dio la vuelta y “el portazo sonó como un signo de interrogación”, ni modo, creo que no era el target.
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Martes de tesis (Tomada con instagram)